domingo, 1 de noviembre de 2015

The Rugby World Cup Experience

Crónica de un Sueño convertido en Recuerdo

Desde que me aficioné a este deporte con 14 años, allá por el mundial de 2007, he soñado con vivir plenamente un evento de estas características. El Rugby me ha enseñado prácticamente todo lo que soy, me ha dado unos valores por los que luchar, una fuerza y una disciplina para levantarme cada vez que caigo.
Hacía muchos años que tenía una ilusión tremenda por esta Copa del Mundo. Iba a ser muy cerca de casa e incluso durante una temporada pensé que España iba a participar. Poco a poco se iba acercando y las ganas creciendo. El sorteo fue lo primero y como seguidor de Inglaterra enseguida me asusté y temí por lo que finalmente ha acabado ocurriendo. Yo tenía muy claro que quería viajar a ver algún partido. Quería ver a mi XV de la Rosa en directo. Luche por las entradas pero fue imposible y me resigné a verlo desde el sofá de mi casa, con cerveza, palomitas y el Canal+ que tantas alegrías nos ha dado a los seguidores del rugby estos años, agrandando y agrandando la oferta de partidos y torneos, dando difusión a este nuestro deporte y aportando su granito de arena a que España se suba a la ola del balón oval. No era mal plan. El disfrute estaba asegurado.
Entonces como de la nada un correo electrónico cambió todo. Quedaban entradas para varios partidos y salían a la venta. Esta era la mía. Convencí a un par de amigos y nos lanzamos a la aventura. Nos íbamos a Cardiff a ver a los All Blacks. Para hacerlo más interesante decidí que era hora de poner mi sangre periodística a correr y lanzarme a cubrir el torneo para quien quisiera leerme. Mi propio granito de arena para acercar el rugby a la gente.
He descubierto que para cualquier espectador una experiencia de Mundial plena consiste de varias posibles fases:
1- En casa calentito con cerveza y palomitas, ideal para los partidos pequeños.
2- En el pub con los amigos, comentando y disfrutando en compañía.
3- Las Fanzones de la organización (para esto ya es necesario desplazarse al país organizador) donde junto a 7000 personas tienes la opción de disfrutar de los partidos en pantalla gigante y sentir el calor de la afición y el sentimiento de hermandad.
4- El Estadio. La experiencia suprema. Cantar, gritar, corear, aplaudir, soñar despierto.

Mientras volaba a Londres no tenía muy claro lo que iba a vivir. De hecho creo que todavía no lo acabo de tener claro del todo. Londres olía diferente esta vez, tenía un brillo especial. Los pubs se llenaban de gente de todos los equipos y nacionalidades a disfrutar del partido que hubiera. Las tiendas oficiales se llenaban desde la apertura al cierre. Banderas y camisetas por las calles.
Cardiff. Se acercaba el momento. El Millennium a techo cubierto. La Haka. La noche negra de Dan Carter. El ensayo prontero de Fekitoa. Las lágrimas de ilusión de Gorgodze. Los aplausos. Los cánticos. La euforia.
Richmond, Londres. Inglaterra-Australia. No los vería en directo pero si iba a poder sentirme más inglés que nunca. Rosas por todas partes. El Swing Low Sweet Chariot sonando una y otra vez. 20.000 gargantas entonando el God Save the Queen mientras soñaban con el milagro en Twickenham. La desilusión creciente que fuimos sintiendo todos mientras el milagro no ocurría. Compartir ese sentimiento.
No, no soy consciente todavía del recuerdo que se queda en mi abarrotada memoria. A veces creo que simplemente lo soñé pero miro hacia mi pared y veo la entrada del partido y me digo: “No es un sueño”.

El torneo ha acabado y con el se queda atrás un pedacito de mi. Tantos sueños, ilusiones y emociones. Tanto tiempo invertido en intentar mostrar al mundo lo que esto ha significado para mi. Ahora me quedo un poco vacío. Hay que vivir intensamente. Hay que soñar. Y cuando esos sueños se convierten en recuerdos hay que atesorarlos como el bien más preciado del mundo para poder emocionarte cada vez que te vuelve a la mente. Para poder volar a los confines de la historia de la que has formado parte.



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