El Reino se convierte en Imperio
Todos decían que no eran capaces de ganar
fuera de casa. Todos decían que nadie ganaría dos mundiales seguidos. Todos
decían que este no iba a ser su año. Los All
Blacks han callado las bocas del mundo. Han ilusionado, seguido fieles a su
estilo y reventado records. La historia los recordará como el mejor equipo de
todos los tiempos. La leyenda de estos 31 titanes sería cantada por trovadores
durante siglos si viviésemos en el siglo XIII. Los All Blacks de Nueva Zelanda.
“Solo somos gente normal que juega muy
bien al rugby” con esas palabras Richie McCow, el eterno capitán y para muchos
el mejor All Black que ha pasado por
esta tierra, describía a su equipo en rueda de prensa tras la victoria contra
los Wallabies. Es de sobra sabido que
en este deporte la humildad es algo necesario y regente, pero este gran equipo
derrocha honor, orgullo, humildad y talento. Juventud y veteranía fundiéndose
con cada nueva generación que aparece. Los valores de llevar la camiseta negra
perpetuados desde hace más que un siglo. Tradición, cultura, creencia, historia
viva del mundo.
Este mundial ha agrandado aun más leyendas
como el propio Richie McCow; Dan Carter, el mejor apertura de todos los
tiempos, ha cumplido su objetivo, se ha quitado su espinita; Julian Savea,
llamado a reventar todos los records del genial Jonah Lomu. Pero fuera de
individuales esto gran equipo de Nueva Zelanda ha enseñado al mundo que lo que
importa es el equipo, el conjunto, todos juegan por un objetivo común. Eso es
lo que los hace grandes. Eso es lo que los ha llevado, sin que nadie pudiera
rechistarles, a convertir su corona de reyes en cetro de emperadores. El
Imperio Negro. La dinastía de los All
Blacks.

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