El colosal séquito del Emperador
El Mundial ha dejado grandes sensaciones,
grandes equipos, grandes aspirantes pero solo un puede alcanzar la gloria. Por el
camino se han ido quedando muy grandes, pero estos son los que más cerca se han
quedado. Los Pumas, buscando su lugar entre los grandes; Los Springboks, persiguiendo un sueño; Los Wallabies, redimiéndose de años en el
pozo. A la zaga de los All Blacks los
tres titanes se han hecho grandes, poderosos y acechando a que los del helecho
plateado den signos de debilidad para tomar el relevo.
Argentina
Un lugar entre las estrellas
Los Pumas se han revelado como la
sensación del torneo. Este torneo ha sido el punto de inflexión en el que los
equipos pequeños han demostrado que están a nivel de élite y que pueden
competir con los grandes. Argentina ha comandado esta revolución. A pesar de su
tercer puesto en el mundial de 2007 no fue hasta 2012 y su entrada en el Rugby
Championship donde empezó a cambiar su suerte. Todavía les falta para ganar un
mundial pero no están lejos de lograr la excelencia. El norte ya no es rival
para ellos.
Solo los All Blacks vencieron a los Pumas en la fase de grupos y lo tuvieron
muy difícil para conseguirlo pues el dominio argentino se consolidó durante
casi 60 minutos hasta que Aaron Smith tomara las riendas y acabara con los
Pumas. Tanto Georgia como Tonga y Namibia no fueron rivales para los
argentinos. El back three empezó a
brillar y a consolidarse como el mejor del torneo. Los huecos que abrían los de
la tercera línea y la potencia de Imhoff y Cordero llevaron en volandas a los
Pumas hasta los cuartos de final donde ni siquiera el Rey del Norte fue capaz
de parar los pies a Nico Sánchez y compañía. Los irlandeses sufrieron las
dentelladas Pumas en un partido que cercioró su mal momento pero dio a
Argentina aquello que merecían, que es un lugar entre los grandes. En cuanto el
torneo se volvió un Rugby Championship, Argentina no pudo con la presión
mediática que les daba como favoritos contra Australia. Al igual que ocurriera
con Gales e Inglaterra, renunció a su estilo de juego nuevo y brillante por un
más seguro y tosco juego de choque que favoreció a los Wallabies y condenó a los Pumas a luchar por el bronce. De nuevo el
mundo del rugby les dio como favoritos después de aquella victoria en Durban
hace 3 meses y de nuevo la presión acabó con unos Pumas que lucharon hasta la
última gota, hasta el último ensayo, hasta el último segundo.
Los albicelestes siempre han tenido fama
de mantener su honor y la cabeza bien alta en todas las ocasiones, pero en este
caso se ha hecho más plausible todavía. El orgullo de todo un país sobre sus
espaldas. Los sueños de medio mundo que apoyaba al equipo que podía dar la sorpresa.
El niño se nos ha hecho adulto. El futuro nunca había pintado tan dulce.
Sudáfrica
Gran final para un mal año
Todos buscaban el triunfo, pero, junto a
los All Blacks, solo los Springboks tenían un componente
emocional mayor que el resto. 20 años hace que Pienaar y Mandela dieron un paso
de gigante para unir un país, hubiese sido un colofón maravilloso para el año
en que Mandela era investido en el Hall of Fame del Rugby. Los sudafricanos
llegaban de la peor temporada en muchos años pero nunca hay que infravalorar a
uno de los mejores equipos de todos los tiempos.
Aquella derrota contra Japón parecía
confirmar los peores augurios para los verde y oro. Parecía que podía ser el
año en que fallaran a su cita en los cuartos y aquellos que clamaban venganzas
raciales en el parlamento sudafricano se frotaban las manos. Pero los Springboks no se rindieron. Se
encomendaron a los capitanes de la Webb Ellis ganada en París hace 8 años y
empezaron a mejorar. Cayó Samoa, se redimieron contra Escocia y aplastaron a
Estados Unidos. Se citaban en cuartos contra la siempre aguerrida Gales llegando
con una semana más de descanso. El sufrimiento hasta que Du Preez ensayó fue
absoluto. Muchísimos nervios en los de verde, juego desordenado, abrupto y
caótico. Hubo final feliz y se citaban contra su destino negro. Los All Blacks convirtieron Twickenham en la
tumba de los boks que no cayeron sin
lucha. No dominaron el partido, pero si que obligaron a los negros a jugar a su
juego, se los llevaron a su terreno y finalmente probaron de su propia
medicina. Argentina esperaba por el bronce. Ya les habían ganado. Sabían que no
son gentes de fiar y supieron plantearles un partido que los Pumas no pudieron
contrarrestar. Se llevan el bronce de nuevo a casa. No es lo que venían
buscando, pero si han encontrado un premio que callará más de una boca.
Entre sus records encontramos al
grandísimo Habana igualando a Jonah Lomu como anotador histórico y Schalk
Burger también encabeza la lista de rupturas de línea. Muchos dejan la selección
tras la medalla de bronce. Grandes nombres que pronto pasarán a ser leyenda
para los que el rugby internacional ha terminado. Sudáfrica está frente a un
relevo generacional. Nuevos tiempos para los Springboks.
Australia
Triunfo sobre el Caos
Hace 6 meses muy poca gente habría
apostado por que Australia llegaría a la final de la Copa del mundo. El juego
errático de los Aussies durante los
últimos años había llevado a pensar que no levantarían cabeza a tiempo y que
caerían en el grupo de la muerte. Pero nadie contó con la historia. Australia
es un equipo poderoso. Bicampeón del mundo, con tres finales a sus espaldas. Su
especialidad son los torneos en suelo británico, levantó la Webb Ellis en
Londres en el 91 y en Cardiff en el 99. Con la llegada de Cheika los Wallabies han sufrido un cambio de cara
y por fin regresan a su lugar en la élite.
Es cierto que en esta temporada han
apelado mucho a la épica e incluso a la suerte. Aprovechando malos días de sus
rivales, encontrando petróleo en sitios inverosímiles. Parecía que iban a dar
tumbos desde el primer partido contra Fiji. Demostraron al mundo sus carencias
y se revelaron débiles cuando finalmente no lo han sido. Uruguay les dio
confianza e Inglaterra un rayo de esperanza para soñar. Fueron de menos a más.
Sufrieron las injusticias y los favores de Craig Joubert en los dos partidos
siguientes. Primero contra Gales que no les dejó ni respirar dejándolos incluso
con 13 jugadores, aun así saliendo victoriosos. Luego, ya en los cuartos de
final, los múltiples regalos que les hizo el colegiado que supieron aprovechar
para eliminar a Escocia y plantarse en las semifinales. Les quitaron la
etiqueta de favoritos los Pumas y eso eliminó la presión para unos Wallabies que querían demostrar que no
estaban allí de regalo, que merecían su puesto y que lucharían por su billete a
la Gran Final. Supieron plantearle el partido a los Pumas y se lo acabaron
llevando. La final inédita ante sus eternos rivales fue el colofón absoluto a este
maravilloso mundial. Australia no fue rival pero mantuvo bien alto su pabellón y
cayó con dignidad ganándose su medalla de plata.
Grandes nombres que surgen y lideran toda
una nueva generación. Foley, Hooper, Pocock, Phipps… Los sueños de los Aussies de ahora en adelante descansarán
sobre sus hombros. Grandes decepciones como el record incompleto de Drew Mitchell
que se ha quedado a solo un ensayo de Habana y Lomu o un Israel Folau
totalmente desaparecido, indigno de llevar la elástica amarilla. El futuro está
aquí. Australia se postula como futura dinastía y este segundo puesto es solo
el primer paso.



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