sábado, 31 de octubre de 2015

Black Heaven

Nueva Zelanda 34-17 Australia

Tricampeones del mundo. Primeros ganando dos de forma consecutiva. Batiendo todo tipo de records. Enamorando todo tipo de corazones. Consolidando el triunfo de un estilo, de una filosofía, de una cultura. Señoras y señores, con todos ustedes, los All Blacks de Nueva Zelanda.
Desde que el Kapa O Pango retumbó en Twickenham antes del pitido inicial los del helecho plateado tenían el control psicológico. Los All Blacks desplegaron todo su juego y avasallaron la defensa Wallabie una y otra vez sin piedad. Australia aguantó con su férrea defensa y la entereza de su potente tercera línea. Pocock y Hooper fueron un quebradero de cabeza para los de negro que no veían manera de pasar a través de ellos. Carter sin embargo fue poco a poco castigando las faltas que cometían unos australianos al límite y los All Blacks, muy pacientes, consiguieron profanar la zona de marca por medio de Milner-Skudder en una jugada brillante y preciosa donde delantera y tres cuartos se ha combinado haciendo magia con el balón hasta que la defensa amarilla se quedó parada sin poder hacer nada.
A la vuelta de vestuarios, Sonny Bill Williams se sacó de la manga una jugada en la que fijó hasta 4 defensores aussies dejándole a Ma’a Nonu un pasillo que no desaprovechó. Parecía ya todo dicho pero Ben Smith veía la tarjeta amarilla, que podría haber sido roja, y con ella Australia la luz. Se pusieron el mono de trabajo y asediaron a los All Blacks. Primero Pocock y luego Kuridrani reducirían distancias hasta 4 puntos, en 25 minutos mágicos de los Wallabies donde Nueva Zelanda se vio desbordada y empezaron los nervios. Se llegó al minuto 70 con los nervios de un final abierto y el mundo del rugby empezaba a quedarse sin uñas. Entonces apareció el Titán, Daniel William Carter. El mejor apertura de la historia. Quería quitarse la espina de fallar a la cita de 2011 y vaya si lo logró. Con la sangre fría de un francotirador se sacó de la manga un drop prodigioso que destrozó a los australianos como el de un tal Wilkinson hace 12 años. Australia se puso nerviosa y todos sus intentos los autofrustraron. Carter amplió la sangría con otro golpe de castigo y un minuto más tarde sería una carrera de Beauden Barrett la que aniquilaría a los Wallabies.

La final del mundial. Una oda al rugby como tantos otros enfrentamientos entre estos dos equipos. Los australianos, carentes de suerte en esta ocasión, pusieron toda su carne en el asador, pero Foley, Pocock y Hooper no son suficientes para batir al mejor equipo de todos los tiempos. La maldición del campeón del tres naciones sigue vigente y la racha de triunfos en suelo británico rota. La dinastía negra seguirá cuatro años más. Japón, el próximo campo de batalla donde 19 naciones intentarán acabar con su reinado. La William Webb Ellis ya ha tocado el cielo de Londres. Un cielo teñido de negro y plateado.


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