El rugby está a punto de vivir su fiesta
grande. 20 países en el campo. Un mundo entero observando. El Rugby vuelve a
casa, al lugar en el que nació hace casi 200 años, cuando un joven llamado
William Webb Ellis se cansó de darle al balón con los pies, lo cogió con las
manos y echó a correr. Casi doscientos años después, la copa que lleva el
nombre de aquel muchacho, una copa que te acredita como rey del deporte de
caballeros por definición, volverá a alzarse en suelo inglés, como lo hiciera
aquel 2 de noviembre de 1991 en manos de Farr-Jones.
El torneo es más interesante que nunca.
Todo puede pasar. El estado de forma de los equipos hace que nunca haya habido
un torneo tan igualado y con tantos aspirantes al título. Nueva Zelanda viene a
revalidarlo –hazaña que nadie ha conseguido jamás–, consolidando así su
dinastía, Inglaterra viene a ilusionar, Irlanda a soñar, Australia a renacer,
Francia a resarcirse, Sudáfrica, Argentina, Gales… Todos tienen un sueño, un
objetivo y una oportunidad.
El próximo viernes 18 se dará el
pistoletazo de salida a esos 44 días de magia que atraerán la atención del
mundo entero. 11 ciudades que respirarán rugby. 13 estadios que, repletos hasta
la bandera, celebrarán cada ensayo, cada carrera, cada placaje.
Partidos dignos de una final desde el
primer día. Partidos que juntarán a grandes con pequeños, pero en los se
respirará humildad, deportividad y respeto. Tradición y cultura fusionadas en
un todo. Riesgo y diversión de la mano como iguales. Sangre y honor ignorando
el dolor y acariciando la gloria con solo pisar el césped.
44 días de ilusiones y al final, en la
noche de Halloween, la fiesta suprema. Twickenham se vestirá de gala y el mundo
centrará sus miradas desde que el oval surque los cielos tras el pitido inicial
hasta que transcurran los 80 minutos, se desvele el misterio de quién llevará la
corona los próximos cuatro años y la William Webb Ellis vuelva a besar el cielo
de Londres. Nadie sabe quiénes serán los elegidos para triunfar. Nadie sabe lo
que va a pasar. Pero va a ser algo grande. Muy grande. Que hará al mundo
emocionarse, que hará que el suelo vibre, que entonará al unísono la palabra Rugby.

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