sábado, 19 de septiembre de 2015

Jaque mate

Sudáfrica 32-34 Japón

Y el milagro ocurrió. Uno de los reyes ha caído a las primeras de cambio. Sudáfrica sigue de bajón y los pequeños empiezan a ser grandes. Ya sabíamos que Japón venía con ganas de demostrar por qué son merecedores de organizar el próximo mundial, pero creo que nadie se imaginaba el gran equipo que han llegado a ser.
Su agilidad de juego, que recordaba a unos All Blacks con espíritu joven, ha sido un dulce regalo para los aficionados que Sudáfrica no ha sabido contrarrestar. El movimiento del balón ha sido exacto y perfecto y su defensa dura y contundente. El pie de Gonomaru prácticamente intachable ha ido manteniendo a los Brave Blossoms ante las desesperadas acometidas de unos Springboks faltos de orden y de ideas.
La dinámica del partido ha sido prácticamente igual todo el tiempo. Japón se ponía por delante y Sudáfrica hacía un amago de remontada y de escaparse en el marcador que se quedaba en el camino porque los nipones volvían de nuevo a ponerse por delante.
El público de Brighton rugía a favor de los Blossoms quienes, en un final agónico, han conseguido ponerles la puntilla a unos Boks que cada vez se ven más lejos de la Webb Ellis.

Japón ha abierto con esta victoria las puertas de la esperanza a una Samoa y una Escocia al acecho y sin quererlo han convertido el grupo B en un segundo grupo de la muerte donde todos aspiran a todo. Sudáfrica está en caída libre y tres de los pequeños en alza. Puede pasar de todo. El mundial acaba de dar una vuelta de campana (y solo llevamos dos días).

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