La tríada polinesia se queda sin
billete a Japón
El cuarto clasificado de grupo es el menos
reconocido. No tienen cuchara de madera, ni billete al próximo torneo, ni mucho
menos una plaza en los cuartos de final. Este puesto lo llenan los tapados del
mundial. La polinesia ha convertido este mundial en el peor para su territorio.
Tres países que se quedan fuera de Japón 2019 y que solo podrán luchar por una
plaza y otra en la repesca. Tres clásicos del rugby de los que uno tendrá que
esperar 8 años para volver a pisar una copa del mundo.
Grupo A: Fiyi
Pasaron de puntillas
La selección polinesia venía ya condenada
desde el sorteo a quedarse fuera de los puestos con premio. A pesar de eso, se
esperaba muchísimo más de los velocistas del pacífico. Sus carencias se vieron
a lo largo y ancho del campo en los cuatro partidos y su falta de garra destacó
negativamente en un grupo en el que podrían haber puesto las cosas muchísimo
mas interesantes de lo que estuvieron en un principio.
Para ser sinceros todo empezó bien,
pusieron en apuros a los anfitriones en el partido inaugural del torneo, Nadolo
y Goneva parecían suficientemente peligrosos para cualquier defensa y se les
veía tan duros como de costumbre. Sin embargo, a pesar de dejar tanto a Gales
como a Australia sin el bonus ofensivo, no queda muy claro si lo lograron por
sus méritos o por los errores de sus rivales. Claro está que en cuanto a
peligro, en ambos partidos hicieron saltar las alarmas de lesionados en ambos
conjuntos pero en ningún momento fueron una amenaza para ninguno de los tres
grandes. El partido contra los Teros era su momento para demostrar que no era
así, pero entre el buen momento de los uruguayos y el malo de los polinesios, a
pesar de la victoria, quedó patente que este no ha sido ni de lejos el mejor
mundial de Fiyi.
De vuelta en la isla será hora de
reflexionar. Serán un pueblo pequeño pero hace años que se demostró que tienen
rugby para rato, rugby de calidad. El mundial de Japón pinta complicado por la
situación que comparten con Tonga y Samoa, pero su presencia es importante para
el mundo del rugby. De momento se concentrarán en su evento favorito, los sevens, y los Juegos Olímpicos de Rio de
Janeiro. Después ya pensarán en lo siguiente.
Grupo B: Samoa
Decepción mundial
Es curioso que las mayores decepciones del
torneo no hayan llegado de las “cucharas de madera” sino de aquellos que han
terminado por encima. Samoa ha acabado siendo de las mayores decepciones del
torneo. Los polinesios venían como segundos cabezas de serie del grupo con una
posibilidad de oro para alcanzar los cuartos de final. Sin embargo la Samoa que
hemos visto, errática y falta de disciplina e incluso violenta, gracias tiene
que dar por no haberse llevado el premio al último.
Contra Estados Unidos, flamante cuchara de
madera, ya se vio que los polinesios no estaban donde tenían que estar. Sí,
ensayaban. Sí, percutían y placaban. Pero su juego era totalmente carente de
imaginación o creatividad, muy lejos del típico rugby espectacular que se juega
en la zona del pacífico sur. Sudáfrica pasó sin problemas sobre sus rivales y
Japón perdió el punto bonus porque no lo persiguieron, pero en ambos encuentros
solo parecía haber un equipo en el campo. Algo les debió ocurrir antes del
último encuentro contra Escocia porque se vio un cambio tan brutal que
sorprendió a todo el mundo. Samoa salió a jugar como sabe. Samoa brilló como
hizo antaño. Samoa estuvo a punto de dar la segunda campanada en el grupo y
volver a poner el torneo del revés. Pero ni por esas. No fueron capaces de
cerrar. Escocia usó la sangre fría y acabó venciendo.
Los poderosos guerreros del pacífico han
fallado en este torneo. Las Hakas parecen no asustar ya a sus rivales y desde
luego los jugadorazos que defienden sus colores parecen faltos de unidad y
sentimiento. Mucho tienen que recapacitar y corregir. Japón 2019 en el punto de
mira, el mundial más difícil de alcanzar por culpa del mundial más duro por
recordar.
Grupo C: Tonga
Daño colateral
Los Ikale
Tahi han sido una vez más los verdaderos portadores del orgullo del
pacífico, como ya hicieran en mundiales anteriores. La isla más pequeña de la
polinesia ha vuelto a demostrar su valía y su honor en un grupo en el que ya
tenían pocas posibilidades por el sorteo. Se quedan sin premio por esa misma
razón, probablemente en un sistema justo estarían entre los grandes y habrían
tenido premio.
Su condena llegó en el primer partido.
Georgia, su rival directo por la plaza para Japón, llevaba cuatro años
preparando ese partido, estudiando a sus rivales y explotando sus defectos. Los
tonganos se vieron sobrepasados y poco pudieron hacer ante el despliegue de los
europeos cayendo justamente derrotados. En el encuentro contra Namibia fueron
fieles a su juego alocado y desorganizado que les valió para derrotar a los bravos
Welwitchias y mantener hasta el final
un halo de esperanza de recuperar su tercer puesto. Argentina y Nueva Zelanda
fueron infinitamente superiores pero se llevaron un par de lecciones y cosas
que reflexionar, ya que los polinesios mantuvieron bien alto su pabellón antes
de caer y decir adiós a sus posibilidades.
Como para Samoa y Fiyi, la clasificación
para el siguiente torneo va a ser compleja. Una plaza queda para las islas del
pacífico y otra que da acceso a la repesca. La lucha será dura y finalmente uno
tendrá que esperar cuatro años más de la cuenta. El rugby en su tierra es una
religión y lucharán por llegar a lo más alto. Si alguien se merece esta plaza
tras este mundial son las águilas del mar.
Grupo D: Rumania
Objetivo cumplido
No era muy ambicioso el objetivo de los
transilvanos de cara al mundial. Su papel en el VI Naciones B seguirá siendo
importante, ganándose edición tras edición el derecho a participar en el evento
por excelencia del rugby mundial. Su objetivo era modesto si, pero lo cierto es
que estuvieron a punto de lograr la sorpresa y arrebatarle a Italia la plaza
que les habría dado 4 años de disfrute y tranquilidad.
Irlanda y Francia fueron demasiado para la
potente delantera rumana. Los Oaks se
encontraron en medio de gigantes y no fueron capaces de reaccionar apenas.
Disfrutaron de sus partidos y se centraron en los importantes, los que si que
tenían algo en juego. No olvidaremos la imagen de la famosa pedida de
matrimonio en el estadio olímpico. Fue después cuando empezó su mundial. Cierto
es que no parecían llegar en su mejor momento de forma, y así se plasmó en los
primeros 60 minutos del encuentro contra Canadá en el que fueron meros juguetes
en manos de los Canucks. Pero se
habían guardado varios ases en la manga y protagonizaron la mayor remontada de
la historia de los mundiales para evitar la cuchara de madera e ilusionar al
público dándole una semana de cábalas con respecto a la posible derrota a
Italia. Esa derrota no llegó. Rumania cayó contra los azzurri pero el partido tuvo su morbo ya que la misma situación que
ocurrió con los canadienses ocurrió con los italianos. Pero la inercia épica
llegó diez minutos tarde y la hazaña quedó inconclusa.
Rumania vuelve a casa y piensa en febrero.
En España y Rusia, sus rivales directos. En plantear un programa que les lleve
en volandas a Japón y cumplir con su impoluta hoja de presencias en los
mundiales. Rumania es todo un clásico. Los robles ya sueñan cuatro años en el
futuro.




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