Australia 33-13 Inglaterra
La anfitriona se va. La anfitriona acaba
su sueño, su camino. La anfitriona cayó humillada ante su propio público.
Inglaterra cayó de manera estrepitosa en Twickenham contra una Australia venida
a más cuanto más les abucheaban los ingleses. Como Wilkinson en su día, Bernard
Foley se puso el mono de trabajo y aplastó las ilusiones de todo el país.
Inglaterra salió cobarde, sin ideas,
pensando más en que los Wallabies no
profanaran su zona de marca que de conseguir los puntos necesarios para
mantenerse vivos en el torneo. Australia aguantó con paciencia las embestidas
de la Rosa y fue encontrando poco a poco los huecos por los que fue abriendo la
herida de los ingleses hasta desangrarlos. En un intento a la desesperada Lancaster
puso en el campo a tres medios pero solo empeoró las cosas, sobre todo Farrell
y su sin bin en el minuto 71 que
condenó cualquier intento de respuesta que podía estar en sus manos. Inglaterra
perdió mucho más que el partido. Perdió su honor y su credibilidad.

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